La opinión de los protagonistas
Hugo Cores, fue dirigente de Aebu, vicepresidente de la Cnt y diputado. Falleció en 2006.
“El Congreso del Pueblo fue una instancia donde una gama de sectores sociales, trabajadores, asalariados o no, se reunieron a discutir qué pasaba en el país y cuáles eran las soluciones sobre las que todos tenían acuerdos para luchar, como forma de ponerle fin a un proceso de deterioro de las condiciones en las que vivía la población trabajadora. 1965 fue el año en el que sectores sociales muy diversos comprendieron todo lo que tenían en común. Ahí está la base posterior de la formación del Frente Amplio, con su programa que está contenido en aquellos debates, en aquellos acuerdos tomados en forma democrática, abierta, con discusiones públicas en las cuales una amplia gama de fuerzas sociales pudo hacer presentes cuáles eran las visiones que tenían de los problemas de Uruguay”.Juan Carlos Mechoso, fue representante del Ateneo Libre del Cerro y La Teja.
“Nosotros, como Ateneo Libre, fuimos a una sesión plenaria abierta previa que se realizó a fines de mayo del 65 en el Paraninfo de la Universidad y ahí ya quedamos enganchados con el Congreso del Pueblo. El Ateneo tenía una relación regular y de larga data con los gremios obreros y con el movimiento estudiantil, especialmente con la feuu, y participamos activamente en las grandes jornadas de movilización de 1958 por la ley orgánica universitaria. Fuimos con mucho entusiasmo y expectativas al Congreso del Pueblo en procura de encontrar caminos de unidad y de lucha para enfrentar la grave crisis existente, con desocupación, cierre de industrias y carestía de los artículos de primera necesidad. En esos años hubo importantes huelgas como la de la carne, ute, metalúrgicos, funsa. También una marcha de los cañeros de Artigas. Se estaba en pleno proceso de unificación sindical y de formación de la cnt.
Ya en 1964 se habló de convocar a un Congreso del Pueblo. En el momento de su realización los niveles de discusión y de participación eran muy altos. La jornada inaugural se desarrolló con el Palacio Peñarol lleno de trabajadores que llegaron caminando o en camiones repletos de todos los barrios y también del Interior. Hubo gente que no pudo entrar. Lo siguió desde afuera. El clima era fervoroso. La gente llegaba cantando y voceando consignas. El Congreso del Pueblo fue un acontecimiento importante con una muy buena participación de los trabajadores pero también de otros sectores perjudicados por la situación de crisis y estancamiento productivo, de carestía y escasez. Eventos de este tipo tienen pocos antecedentes incluso en América Latina. Se conocen eventos similares solamente en Bolivia con una fuerte presencia de los mineros. Un aspecto resaltable es que no se invitó a los partidos políticos ni al gobierno. Tenía un carácter de lo que hoy llamaríamos poder popular. Para nosotros el Congreso del Pueblo estaba en la perspectiva de la construcción de un pueblo fuerte. Lamentablemente todo ese esfuerzo fue canalizado por alguna de las tendencias sindicales para la vía electoral a través de la proposición de la ‘reforma amarilla’ que toma el programa del Congreso del Pueblo. Esto en el 66 mata al Congreso del Pueblo, cuando el momento en realidad era más propicio para aprovechar esas propuestas y esa combatividad obrero-popular y profundizar la pelea a través de un vigoroso plan de lucha. Eso no se hizo. El movimiento sindical termino de furgón de cola de algunos partidos políticos.”
Luis Muñoz, fue dirigente de la Federación de Cooperativas de Producción Industrial e integrante de la Junta Coordinadora Nacional del Congreso del Pueblo.
“Fue convocado por los trabajadores sindicalizados y no se trató de un evento improvisado. La convocatoria a un Congreso del Pueblo para definir un programa alternativo al reinante se venía gestando desde hacía mucho tiempo. Varios sindicatos fueron convocados a fines de los años cincuenta en reuniones con la cide para analizar cómo estaba Uruguay. Los sindicatos concurrieron, aportaron y la cide elaboró un proyecto. Posteriormente, en nuestro gremio realizamos, en la Facultad de Humanidades, ubicada entonces en la aduana en la calle Juan Lindolfo Cuestas, la Semana de la Industria Textil para estudiar las causas del estancamiento de esta industria en Uruguay con la presencia de los empresarios, obreros y administrativos. Previo al Congreso del Pueblo fueron muchos los gremios que analizaron y definieron medidas programáticas para lograr un desarrollo productivo y frenar la crisis de la industria nacional. Es el caso también de los trabajadores gráficos y de muchas empresas públicas. O sea que en los debates del Congreso del Pueblo participó gente que ya venía preocupada por el estancamiento productivo nacional en la industria, el comercio y el agro.
La participación de los trabajadores en las deliberaciones fue formidable, y fueron importantes también las definiciones contenidas en el programa de soluciones a la crisis aprobado. Lamentablemente nos alcanzó enseguida la dinámica del año electoral y eso le restó posibilidades y trascendencia nacional a las resoluciones del Congreso del Pueblo. Esta es un poco la tristeza que tenemos muchos de los que trabajamos intensamente para que los sectores populares tuvieran un programa bien fundado y alternativo al de los sectores sociales y políticos dominantes.”
Héctor Rodríguez, fue dirigente obrero textil, de la cnt y diputado. Falleció en 1996.
“El movimiento sindical, cuando convocó el Congreso del Pueblo, estaba tratando de generar un sistema de alianzas populares que enfrentara a los grupos políticos que desde 1959, después de la reforma cambiaria y monetaria, venían aplicando en el país la política del Fondo Monetario Internacional.
Esta convocatoria del movimiento sindical fue el punto de partida para un nuevo sistema de alianzas sociales y, tal vez, para la generación, no en plazos inmediatos sino luego de un cierto tiempo, de un movimiento político nuevo.”
Juan Ángel Toledo, fue dirigente obrero textil y de la Cnt.
“El movimiento sindical llama a la realización de un Congreso del Pueblo para analizar junto a otras fuerzas sociales la situación de crisis del país y proponer soluciones. Hay que tener en cuenta que el mundo era otro. Había dos polos en confrontación y una fuerte presencia de los países no alineados. En aquel contexto se realiza el primer Congreso del Pueblo y se plantea la ruptura con el fmi y el no pago de la deuda externa. Eran cosas que se veían como necesarias y posibles. Se buscaba lograr el desarrollo productivo de Uruguay a través de una reforma agraria real, con distribución de tierras y asistencia técnica y económica a pequeños y medianos productores; con la nacionalización de la industria frigorífica, la banca y el comercio exterior. Y junto a todo esto mejoras sociales de importancia. Para impulsar la organización y la movilización de este programa el Congreso del Pueblo determinó la formación de una Junta Coordinadora Nacional y aprobó un plan de lucha. Pero siempre quedó claro que llevar adelante las propuestas del Congreso del Pueblo no era sólo una responsabilidad del movimiento sindical. Esto requería acumular fuerzas que tenían que ser asumidas a nivel político, pero mientras tanto el movimiento sindical no podía quedar a la zaga de nadie y para eso debía ligarse a otros sectores organizados de la sociedad civil, de la ciudad y del campo, para impulsar un programa de cambios adecuados a la situación de Uruguay. Creo que faltó una estructura más amplia para vertebrar todo lo bueno que se discutió y elaboró y por eso no se produjo el tipo de movilización que se esperaba. Pese a esto el Congreso del Pueblo contribuyó efectivamente a la acumulación estratégica y a largo plazo de la clase trabajadora uruguaya.
Hoy, la convocatoria por los trabajadores a un nuevo Congreso del Pueblo se da en otro contexto nacional e internacional. El mundo ha cambiado y no para bien de los trabajadores. Esta es una cuestión muy importante a tener en cuenta. La convocatoria y el contenido de este II Congreso del Pueblo deben discutirse abajo, adecuarse a la realidad actual y ayudar a profundizar los cambios democráticos producidos.”
Wladimir Turiansky, fue dirigente de Aute, integrante de la Junta Coordinadora Nacional del Congreso del Pueblo, vicepresidente de la cnt y diputado.
“La convocatoria al Congreso del Pueblo formaba parte de un proyecto más amplio, porque el camino de la unidad del movimiento sindical estaba asociado a la construcción de una fuerza representativa de los intereses populares en general. Teníamos presente que el proceso de la unidad sindical que se estaba consolidando en los años sesenta no debía reducirse a eso sino desarrollarse en la perspectiva de cumplir ciertos objetivos. Se buscaba la unidad orgánica y programática de los trabajadores y se apuntaba en dos direcciones. Por un lado, hacer de la unidad del movimiento sindical el núcleo duro de un proceso de unidad más amplio con otros sectores populares que coincidieran en la necesidad de cambios comunes a todos y, por otro, definir qué cambios, con qué proyecto. Y esto es un poco lo que se concreta con el Congreso del Pueblo en 1965, que no fue una cosa que apareció de un día para el otro. Fue una realidad que se fue gestando. Como antecedente de elaboración programática tenemos el segundo congreso de la Central de Trabajadores del Uruguay (Ctu) en 1963. También nosotros, los trabajadores de ute, después de la huelga de marzo del 63 hicimos un congreso extraordinario con el objetivo de formular propuestas programáticas. Los funcionarios agremiados en Aute nos planteamos analizar la relación y la actitud de los trabajadores con el sindicato, con la empresa y con las demás empresas del Estado apuntando a involucrar a los trabajadores con un programa y una plataforma que trascendieran los reclamos reivindicativos salariales y de condiciones de trabajo.
No recuerdo de dónde salió el nombre de Congreso del Pueblo, pero el programa que surge de él es el del conjunto de los sectores populares. Un programa para la clase trabajadora, el estudiantado y los sectores pequeños y medianos de la producción, del agro y del comercio: todo lo que se ubicaba entonces en la categoría pueblo. En el programa estaban excluidos los sectores de la ‘rosca oligárquica’, del gran empresariado rural, del comercio exportador y de la banca.
El Congreso del Pueblo fue en agosto de 1965, aprobó un programa e integró una Junta Coordinadora. 1966 fue año electoral y, además, de reforma constitucional. De una forma u otra todos nos vimos embarcados en la campaña electoral y en la reforma constitucional con distintas posiciones. En consecuencia los compromisos asumidos en el funcionamiento del organismo permanente del Congreso del Pueblo (Junta Nacional Coordinadora) quedaron postergados, diluidos en la práctica y no se recuperaron más. Recuerdo que inmediatamente del Congreso del Pueblo comienza el debate sobre qué actitud tomar frente a las propuestas de reforma constitucional planteadas. Había al respecto dos posiciones: por un lado la que de alguna manera acaudillaba Héctor Rodríguez de enfrentar la ‘reforma naranja’ y no inclinarse ni plantear ninguna otra alternativa. Los comunistas, en tanto, planteábamos utilizar la posibilidad existente e impulsar un proyecto alternativo que recogiera los lineamientos del Congreso del Pueblo. Es decir que nosotros, de alguna forma, asumíamos una labor de divulgación de los objetivos y de la puesta en práctica del Congreso del Pueblo en la campaña electoral y en la perspectiva de una reforma constitucional. No teníamos la esperanza de que nuestra posición fuera a triunfar, pero tenía el aliciente de que en torno de nuestra propuesta de ‘reforma amarilla’ se difundieran sus objetivos y postulados en vastos sectores de la población. Hubo que recoger alrededor de 200 mil firmas para que pudiera ser plebiscitada. Hubo que recorrer el país entero y en cada lugar se dejó un cuadernillo donde se explicaban los objetivos de la ‘reforma amarilla’. Y eran, precisamente, los que emanaban del Congreso del Pueblo. De manera que uno puede discutir si tácticamente convenía hacer lo que hicimos o mantener el criterio político de Héctor Rodríguez, que era el de asegurar el funcionamiento de la Junta Coordinadora del Congreso del Pueblo. Pero más allá de esto, o teniéndolo muy en cuenta, es innegable que sirvió el trabajo que realizamos para participar en el debate sobre la reforma constitucional. Hoy en día, creo que los comunistas estuvimos bien en impulsar una reforma constitucional y a través de la misma difundir el programa del Congreso del Pueblo, pero me parece que no debimos haber abandonado el funcionamiento orgánico de la Junta Coordinadora. Teníamos que haber atendido eso también.”
Publicado en el Suplemento del Congreso del Pueblo, publicado por Semanario Brecha, 14 de septiembre de 2007
Edición a cargo de Universindo Rodríguez y Silvia Visconti
